Rocío Molína

 

Sobre el escenario, Molina recuerda sus orígenes, muy ligados a nuestra tierra, la etapa de formación en el arte del baile y su estadio más templado, el que está viviendo en la actualidad. Los que la han visto bailar desde sus comienzos hablan casi de una niña prodigio. Rocío Molina, nacida en 1984, inició su acercamiento al baile a los tres años, y sus estudios en el conservatorio de Málaga a los siete. En 2002, se graduó con matrícula de honor en el de danza de Madrid.

El resto de su biografía sigue marcada por el trabajo sobre las tablas. Como parte de la compañía de María Pagés, pasó dos años bailando por Japón, Francia e Italia. Ya en 2003 participó en el circuito flamenco de Madrid, actuó como artista invitada en el tablao madrileño de Las Carboneras y viajó a Corea con el espectáculo de Ramón García. También ha participado en el Festival Flamenco USA 2004 y en la Gala de Sevilla, compartiendo escenario con artistas como Manuela Carrasco o Chocolate.

EDITORIAL PRENSA ASTURIANA Director: Isidoro Nicieza

TV Y ESPECTÁCULOS

Rocío Molina, estrella del ciclo flamenco de Tribuna Ciudadana en Oviedo


08.04.2005


La bailaora afirma que su género es «un lenguaje internacional, sin barreras, que triunfa allí donde va, aunque en España no lo valoramos»


Oviedo, Lorena PÉREZ

Malagueña, 20 años y, según los entendidos, una gran promesa del mundo del flamenco. Rocío Molina bailará esta tarde, a partir de las 20.00 horas, en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, dentro del particular homenaje que organiza Tribuna Ciudadana al flamenco y que abrió hace un mes Enrique Morente.

La bailaora, que acaba de llegar de una gira, con el espectáculo «Cuatro elementos», por Estados Unidos, saldrá al escenario acompañada por sus músicos: Paco Cruz y Manuel Caza, a la guitarra, David Lagos y Antonio Campos, que son los cantaores, y Sergio Martínez, percusión.

La actuación de hoy será, según adelantó la artista, de «corte tradicional». Habrá algo del nuevo espectáculo que está preparando, «Entre paredes», y también un «homenaje a Málaga, mi tierra». Además, la artista «siempre» deja un margen para la improvisación: «Percibo qué es lo que hace falta sobre el escenario y lo hago».

Le gusta llevar el flamenco de manera «ordenada. Yo organizo pequeños montajes de unos quince o veinte minutos donde está todo estudiado, pero siempre dejo margen para probar cosas nuevas, para la improvisación, porque el flamenco es visceral y espontáneo, y de vez en cuando nos dan arrebatos de locura y nos dejamos llevar. Eso el público lo nota y lo agradece».

En cuanto a la cuestión de probar cosas nuevas, la artista afirma que «ya está todo hecho. Para hacer cosas nuevas hay que basarse en lo antiguo y es lo que yo hago, partir de la base y darle un aspecto personal a todo. Lo nuevo es eso, lo personal y no rebuscar porque entonces te alejas de lo auténtico, que es lo que realmente cuenta».

A pesar de su juventud, la malagueña ha actuado ya por todo el mundo con grandes artistas y en todos los sitios ha sido muy bien recibida. «El flamenco es un lenguaje internacional, sin barreras, que triunfa allí donde va», y matizó, «aunque es cierto que aquí no se valora tanto como fuera. En Japón, por ejemplo, se vuelven locos con el flamenco, no sé de dónde sacan esa pasión».

Otro misterio es de dónde saca ella esa pasión, «de mi familia no, desde luego, mi madre bailó ballet, pero yo soy la primera que se dedica al flamenco». Y lo hace desde que a los 3 años comenzó en el mundo de la danza. Más tarde, a los 7, empezó a estudiar en el Conservatorio Profesional de Música y Danza de Málaga, acabando su carrera en el año 2002 en el Real Conservatorio de Danza de Madrid, obteniendo matrícula de honor. Ahora está preparando un nuevo espectáculo, «Entre paredes», que la llevará por toda Andalucía.

En Oviedo le auguraron un gran éxito: «A pesar de que no es una figura muy conocida aquí, ya se ha vendido el 80% del aforo del Auditorio», explicó José Luis Falcón, de Tribuna Ciudadana.



ROCÍO MOLINA BAILAORA
«La bata de cola forma parte de mi piel, como una línea más de mi cuerpo»
La joven promesa del baile flamenco actúa esta tarde en el Auditorio, dentro del ciclo organizado por Tribuna Ciudadana
ANA FERNÁNDEZ ABAD/OVIEDO

08.04.2005

EN CARTEL. Rocío, en la sede de Tribuna Ciudadana, con el cartel de su actuación. / JESÚS DÍAZ

Fuente: La Nueva españa digital

TACONEO
Malagueña: nació en Málaga, en 1984.

Inicios: baila desde los 3 años y a los 7 decidió dedicarse de lleno a la danza.

Compañía: tiene su propia compañía y preparan 'Entre paredes'.

Actúa: esta tarde a las 20.00 en la Sala Principal del Auditorio, dentro del ciclo de flamenco organizado por Tribuna Ciudadana.

Entradas: son gratuitas y todavía quedan 100, que se pueden recoger en las taquillas del Campoamor.

A primera vista nadie diría que esa niñita -imposible echarle 20 años- de nariz chata, pantalones pirata, sudadera y visera neoyorkina baila flamenco. Rocío Molina (Málaga, 1984) parece una 'hiphopera'. El duende no le viene de raza, porque en su casa nadie es dado al flamenco, ni siquiera ella. En sus ratos libres oye jazz, música negra y ritmos africanos. El cante, necesita escucharlo sentada «y sólo un ratito al día, concentrada». Pese a su perfil atípico, los expertos la consideran la esperanza del baile. Esta tarde actúa en el Auditorio, dentro del ciclo de flamenco organizado por Tribuna Ciudadana.

-A los 7 años decidió dedicarse al baile. ¿Cómo se lo tomaron sus padres?

-Ellos me apoyaron cien por cien. Como lo tenía tan claro desde muy pequeña, estaban ya mentalizados. A mí, con 3 años me preguntaban qué quería ser de mayor y respondía bailarina.

-Ahora tiene una compañía que mantener. ¿Nerviosa?

-Somos un equipito bueno, de cinco o seis músicos y un bailarín, Carlos Chamorro. Estamos preparando nuestro primer montaje y de momento no necesitamos nada más.

-¿Seguirá el ejemplo de Sara Baras?

-No he visto mucho de lo que hace ella, pero somos amigas y me parece genial que se mantenga arriba.

-Viene a Oviedo tras actuar en el Flamenco Festival USA de Nueva York. ¿Gusta más en casa o fuera?

-En España, como se tiene, no se valora tanto. Y fuera, la gente se vuelve un poco loca. En Japón, con esa cultura que parece tan fría, escuchan flamenco y les sale una locura que no sabes de dónde viene. Estoy siendo acogida tanto fuera como en casa, pero me da más respeto en España, porque aquí no puedes engañar a nadie.

Sin fusión

-No es la típica bailaora. Más que gitana parece china.

-Si tú tienes algo dentro, ya vale, no hace falta ser gitano. Aunque el gitano lleva una fuerza especial, es una raza que tiene algo. Pero yo tengo una amiga australiana que baila y rompe a cualquiera...

-Dice que su espectáculo es muy puro. ¿Nada de fusión?

-Esa palabra se lleva mucho ahora, pero yo creo que tienes que comunicar lo que sientes como tú lo sientes. Si te rebuscas, puedes meterte en terrenos que no son tuyos. Yo procuro ir de cara, ser transparente. Lo difícil es encontrarte a ti, hallar tu forma. Para hacer algo nuevo, me baso en lo antiguo, me documento con vídeos y libros y lo llevo a la actualidad, porque la forma de bailar y la de pensar, incluso los cuerpos, han cambiado mucho.

-¿Esa investigación no puede conducir al mestizaje?

-Cuando rebuscas, se pierde la sinceridad y se pierde lo auténtico, que es lo que vale. A mí me han preguntado si había estudiado danza oriental, por los movimientos que hago, pero es algo que simplemente sale.

-¿Tampoco transige en escena? ¿Prefiere la bata de cola o una vestimenta moderna?

-Bata de cola. La bata de cola forma parte de mi piel, como una línea más de mi cuerpo. Bailé con ella desde pequeña y la siento parte de mí. Ahora se está estudiando mucho y la gente se interesa más, porque es parte del baile. En vez de medir un metro y pico, con la bata mido tres metros.

-¿Dónde busca sus modelos?

-No tengo ninguno concreto, pero le debo mucho a Mariquilla, con la que empecé en Granada, ella me dio el nervio. Eva la Yerbabuena me impactó mucho, como Israel Galván, con el que he bailado y fue un sueño. Pero ahora estoy estudiando, documentándome sobre Carmen Amaya. Antes no me atrevía con ella, necesitaba madurar.

-¿Cómo ve el panorama del flamenco?

-Ahora estamos en los teatros y antes en el café cantante.

-¿Qué tablas son mejores?

-El flamenco en un teatro es difícil, porque la energía se dispersa. El flamenco necesita humo, ver las caras. Pero el teatro tiene su lado bueno, que puedes representar números más elaborados. El flamenco es espontáneo, visceral, pero a mí me gusta llevarlo calculado en pequeñas obritas de 15 minutos, las tengo como tesoritos.

-¿Recibe su arte el reconocimiento que merece?

-La danza no recibe muchos apoyos, y menos el flamenco. Se están quitando las ayudas y sólo se les dan a los que ya están mantenidos. No se dan cuenta de que si quitas la cultura española, se viene abajo el turismo.