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ANTONIO CANILLAS
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Antonio de Canillas: «El cante de Málaga lo he llevado por bandera» ANTONIO ROCHE/DIARIO SUR MÁLAGA. Sábado 24.09.2005
MAESTRO. Antonio de Canillas lleva toda una vida en el flamenco. Antonio Jiménez González nació el 22 de agosto de 1929 en Canillas del Aceituno (Málaga). Tiene, pues, 76 años, edad que lo convierte en el artista más veterano de la bienal Málaga en Flamenco. Forma parte del espectáculo 'Paisanos', con el que recorre la provincia. Anteanoche recibió en el colegio Salesianos el homenaje de la Federación de Peñas de Málaga al cumplirse 55 años como cantaor. Durante este tiempo ha conseguido importantes premios nacionales. El más destacado es la Lámpara Minera del VI Concurso del Cante de Las Minas de La Unión (Murcia). Aunque, para él, el mejor premio fue conocer a su mujer, Encarna, y formar una familia. Tiene tres hijos: Encarnita, Antonio y Carmen. En su haber tiene catorce discos grabados, además de participar en varias antologías sobre el flamenco como 'Rito y geografía del cante', 'Magna antología del cante flamenco' y 'Cultura jonda'. Sus maestros «Mi voz está más adecuada a los cantes de Málaga. Lo que sé lo he aprendido de oído y de garganta. El cante de Málaga es una partitura», apunta. Aprendió los cantes de la tierra de Diego 'El Perote', que lo conoció en la Peña Juan Breva por mediación de Pepe Luque Navajas. Los tangos de El Piyayo se los enseñó Manolito 'El Herraó', que, a su vez, los aprendió directamente de su creador. En su repertorio, además de estos cantes, abundan los abandolaos, «los veintitantos estilos de malagueñas que hay diferentes», la rondeña, la jabera, el jabegote... «El cante de Málaga lo he llevado siempre por bandera, lo que pasa es que no es muy conocido fuera de aquí. Yo he ido a la bienal de Sevilla, llamado por Pulpón, y he hecho estos cantes, pero no lo han comprendido», subraya. Se puede decir con rotundidad que Antonio de Canillas es el último bastión de los cantes de Málaga. «Hay gente nueva cantando muy bien, pero no se inclinan por la malagueña. Hace falta más promoción de estos cantes. Es necesario que convoquen concursos para que los cantaores se preocupen en aprender estos cantes y sus letras», sugiere este artista. Promoción del flamenco Considera que la bienal malagueña supone «una promoción bastante fuerte del flamenco, ha revivido la afición porque se está llevando el flamenco a los pueblos. Y eso es muy importante para este arte. La verdad es que ha sido una suerte dar con un aficionado como Salvador (Pendón)», el presidente de la Diputación. Los que lo conocen saben que Antonio de Canillas es un artista modesto, nada presuntuoso, buen compañero y de una exquisita educación, a pesar de no haber recibido formación alguna. Se crió sin madre -murió de peritonitis cuando él tenía dos años- y con siete u ocho años ya trabajaba en un cortijo para llevarse un bocado de comida a la boca. Había días que sólo comía mendrugos de pan duro. De chiquillo, el cariño lo encontró en su abuela materna. De esa situación de marginalidad salió con 18 años cuando se fue voluntario a Regulares, en Melilla, donde continuó cantando, y al regreso a Málaga se dedicó casi por entero al flamenco. Iba a cantar a algunos pueblos montado en bestias, y a otros se desplazaba a pie, aunque estuviera todo la madrugada andando. Por ejemplo, de Ronda a Tolox. Consumado saetero El maestro de Canillas es un gran saetero, y a él se le atribuye la creación de la saeta malagueña. «Yo entraba directamente por martinete, pero quitándole el sonido de la fragua e incluyendo matices del cante gregoriano», explica. No tiene una imagen devocional determinada, aunque, por cercanía, por vecindad, le reza a la Piedad. Su garganta le responde para seguir ofreciendo los cantes de Málaga, aunque la artrosis en las rodillas le tiene mermadas las facultades físicas. Cuando acabe la temporada pasará por quirófano «porque yo, por lo demás, me encuentro muy bien», afirma con cara de niño este veterano del cante. |
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